Carta de Guarocuya a Noemi en primer aniversario.
Amada Memi:
Ya hace un año que no estamos juntos, ha transcurrido justamente doce meses, 365 días, 52 semanas, 525,600 minutos. Parece que fue ayer pero también nos parece demasiado tiempo porque en casa te extrañamos tanto cada día y cada hora de esos días.
Te veo en fotos por doquier y te saludo, en mi corazón te abrazo y te beso. No hay forma de olvidar tu nobleza, tu exquisitez humana y espiritual, tus inmensas cualidades de mujer tu permanente presencia que ahora nos habla un nuevo lenguaje.
Solo nos conforta saber que, de la manera que fuere ha sido un designio de Dios, y porque como te comportaste aquí en la tierra estamos convencidos de que tienes un lugar privilegiado en el ignoto mundo de su reino.
Mi Pití, me recuerdo como te agradaba ese cariñoso sobrenombre sé lo mucho que te gustaba escucharlo.
Hace largo tiempo que no te escribo, diría que algo mas de un año, pero se que me lo perdonas es que no veía necesidad porque en todo momento te he sentido cerca, muy cercana a todos nosotros tu familia, nuestros hijos, tus amigos, y a quienes ayudaste y entregaste energías solidarias de tu inmarcesible amor a nuestros congéneres.
Pero ahora estoy convencido, mi amada Memi, que lo acertado es hacer en este momento lo que antes hacia y escuchabas tantas veces de mi. Quiero decirte que te amo. Quiero quererte. Toda la vida te querré.
Cuán difícil es comprender lo que significa quererte cuando ya te has muerto, pero aun así quiero consolarte y cuidarte, y quiero que tú me consueles y me sigas cuidando como lo hiciste al acompañarme a las consultas médicas justamente hasta el mismo miércoles 6 de octubre un día antes de irte; como lo hiciste y recuerdo que así te lo hice saber aquella noche, al prepararme la mas deliciosa sopa de auyama que jamás he paladeado, era la última cena que comí de tus manos.
Amada Memi debo expresarte mi eterna gratitud, sabes que en aquella ocasión estabas muy preocupada por mi salud pues quiero decirte que gracias a Dios, a la ciencia y a ti ya estoy completamente sano. Ahora me siento con mayor fuerza para entregarla a nuestros hijos y lograr que nos sintamos orgullosos de ellos, como lo querías y se que lo quieres, al convertirlos en hombres y mujeres de bien.
Son tantos los recuerdos y detalles que hoy me llegan a la memoria, y se que ya no puedes hacerme nada pero aun así te quiero tanto que sigues en el justo camino de mi vida. Y quiero que sigas siendo así, que no cambies. Tú, muerta, eres faro que en todo momento me guías.
Amada esposa, eres real. Gracias, eternamente gracias, nunca olvides que te sigo queriendo.
Guaro
No hay comentarios:
Publicar un comentario